Traducción Instantanea

lunes, 13 de abril de 2015

(3ra parte) Declaro, Decreto, Ordeno, Arrebato, Me Empodero, Ato, Ligo, Reprendo, Echo Fuera Y Envío Al Abismo Sin Retorno Al Diablo Y Sus Demonios Créele A Dios

Tercera parte: 
Ordeno

Ordenar es una de las palabras que escuchamos con mucha frecuencia. Este vocablo significa: poner en orden una cosa, dirigir a un fin, encaminar, mandar, conminar, decretar, preceptuar, exigir. A todos nos gusta ordenar, sin embargo, la pregunta que por lógica surge es: ¿Es bíblico?

Al igual que las dos anteriores (declaro y decreto), sí es bíblico. El problema está en el mal uso y en el abuso, así como en otras personas o iglesias, en el desuso. Nuestro Señor Jesucristo dijo: "Espíritu mudo y sordo, yo te mando (ordeno), sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. Mas Jesús tomándole de la mano, enderezóle; y se levantó". Marcos 9:25-27. RV 1909. El paréntesis es mío.

Usted habrá notado que la mayoría de las personas que utiliza estas expresiones, lo hace como algo rutinario, porque es el ambiente que reina donde se congrega, y a veces, como una forma de demostrar la tremenda espiritualidad que se profesa. Pero ¿y los resultados?

Lo primero que se debe tener en cuenta para ordenar es haber recibido autoridad. En Marcos 1:25, el Señor le dijo a un espíritu inmundo "cállate y sal de él". El demonio inmediatamente salió del hombre poseído. Al ver esto la multitud se maravilló y dijo: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?". Marcos 1:27.

¿Hemos recibido autoridad? Sí. "Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán".  Marcos 16:15-18. Aunque se infiere que el creyente individual ha recibido autoridad, debemos entender que se trata de la iglesia. Es una autoridad global, y no solo individual. La iglesia ha recibido autoridad del Señor, que es su cabeza, sobre todo poder del enemigo. "Las puertas del hades no prevalecerán contra ella". Mateo 16:18. En la medida en que el creyente comprenda y se identifique con la iglesia del Señor, esa autoridad que Cristo le ha dado a la iglesia, es también suya porque él es parte de la iglesia.

Algo distinto ocurrió cuando siete hijos de un sacerdote llamado Esceva, le dijeron a un espíritu inmundo "Te conjuro, por Jesús, el que predica Pablo". Hechos 19:13. Y como ellos no tenían autoridad, "el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos, y los dominó y pudo más que ellos, de manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos".  Hechos 19:16. El sacerdote Esceva y sus hijos no eran de la iglesia, y por lo tanto, no podían reclamar una autoridad que no les pertenecía.

El relato anterior nos trae el segundo punto, el testimonio. Cuando el demonio reconoció a Jesús dijo: "yo sé quien tú eres, el Santo de Dios". Marcos 1:24. A los hijos de Esceva le dijeron: "Pero el espíritu malo respondió, y les dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?". Hechos 19:15. Los demonios respetan a un creyente de limpio testimonio, que anda en integridad y le sirve a Dios con limpia conciencia. Ese creyente no tiene que esforzarce mucho ordenándole a los demonios salir de sus víctimas.

Hay peligro cuando un falso creyente, o un creyente mundano, o un creyente de doble vida,  le ordena a los demonios salir. Conocemos algunos casos de creyentes que han sido avergonzados públicamente, porque los demonios lo han desenmascarados y otros han sido golpeados.

Tercero, esa autoridad dada por Dios, no es para hacer despliegue, espectáculos, derroche. Satanás tentó al Señor en su condición de Hijo de Dios para que convirtiera las piedras en pan y se lanzara del pináculo del templo. Le dijo "si eres hijo de Dios..".  Pero el Señor rechazó ambas cosas porque su autoridad y poder no eran para hacer shows, ni para demostrarle a nadie  lo muy poderoso que era. Mateo 4:1-11.

Cuarto, esa autoridad, no debe usarse al margen de la voluntad de Dios. Moisés tenía una gran autoridad, fuera de toda duda, pues era el mediador del antiguo pacto. Sin embargo, ante el desafio, la incredulidad y el irrespeto del pueblo, se postraba su rostro y clamaba al Señor en favor de ese mismo pueblo. Este siervo de Dios, conocía muy bien el significado de la autoridad, entendía que Dios siempre actúa cuando se desafía la autoridad que Él ha delegado en una persona. 

Moisés mismo, cosechó las consecuencia de usar mal la autoridad dada por Dios. Porque golpeó la peña cuando debió hablarle. Se excedió y le fue dicho: "Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme en ojos de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado". Números 20:12.

Los boanerges le dijeron al Señor: "Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?".  Lucas 9:54. Pero el Señor los censuró.

Ordenar, reprender, declarar y conjurar, no son fórmulas mágicas. Pensamos que con el mero hecho decir "te reprendo", el reino de las tinieblas se estremece. Si fuera así, no existiera un solo demonio. Con tantas reprensiones, o los demonios no sacaran la cabeza o hace tiempo que estuvieran impotentes, inútiles, sin poder para actuar.

Un creyente, de esos que inventan testimonios para dar realce a su mensaje, dijo que, en cierta ocasión, un inconverso fue atacado por demonios; como no podía defenderse por su propia fuerza, comenzó a mencionar a todos los llamados santos. Te reprendo en el nombre de San Pancracio, de San Carlos Borromeo, de San Nicolás. Todo era infructuoso hasta que dijo: "te reprendo en el nombre de Santa Teresa de Jesús". Dizque que cuando los demonios oyeron eso, se fueron despavoridos. Analizando este hermano porque se fueron los demonios cuando el in-converso mencionó a Santa Teresa, llegó a la conclusión que no fue por el nombre Santa Teresa, sino por el nombre Jesús, que va ligado a Santa Teresa.

 ¡Tremendo embuste! ¡Falso de toda falsedad! Dios no es Dios de confusión. El nombre del Señor no es ningún amuleto, ni una fórmula de exorcismo. "Estas señales seguirán a los creen". Hay creyentes que son expertos inventándose testimonios.

No siempre, de manera obligatoria, debemos decir, "te reprendo o declaro". Porque el poder y la autoridad no están en el vocablo, en el término. Pueden utilizarse otras equivalentes dependiendo de la situación.

Quinto, debemos entender que no hemos recibido autoridad sobre todas las cosas. Para algunas cosas no tenemos autoridad. Eso significa que hay una autoridad dada a todos los creyentes, por ser creyentes, pero una autoridad adicional debe ser dada dependiendo de nuestra misión en la tierra. Está la autoridad del profeta, la del apóstol, la del pastor, la del evangelista. Hay autoridad por la posición. No es lo mismo la autoridad del juez que la autoridad del rey, del militar, etc.

Aún en los ministerios o posiciones similares, uno tiene mayor autoridad que otro. En los días de Elías habían otros profetas, pero no tenían la autoridad del profeta del fuego.

En conclusión, en la mayoría de los casos, para ordenar se debe tener autoridad, saber usarla, vivir en santidad y comprender nuestras limitaciones. La mayoría de los creyentes no conoce el tema de la autoridad espiritual o ministerial. Urge que cada pastor instruya a su iglesia en este tema para que evitemos los excesos y las prácticas vergonzosas y ridículas.

3 comentarios:

  1. Le escribí que es un tema interesante y muy necesario en estos días en que muchos creyentes se están llevando de las modas que aparecen en el evangelio, dejando de lado la verdadera interpretación bíblica y el testimonio personal.

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