Segunda parte:
Decreto
En
el derecho moderno se define como un tipo de acto administrativo que proviene
habitualmente del poder ejecutivo; por lo general, posee un contenido normativo
reglamentario por lo que las leyes son jerárquicamente superiores, esto es, su
rango de autoridad es inferior a una ley, porque esta emana del poder
legislativo, que es el organismo encargado de legislar lo que luego el
ejecutivo debe cumplir y hacer cumplir. En ocasiones, el ejecutivo emite un
decreto
ordenando la aplicación de una ley que ha sido dada por el legislativo.
En
teología, esta palabra es esencial para los reformados (calvinistas,
presbiterianos, algunos bautistas), porque con ella arman su sistema doctrinal que
culmina en la expresión: “una vez estás en la gracia, no caes de la gracia”.
Ellos dicen que mediante un decreto, Dios determinó el destino de todos los
vivientes. Lo cierto es que ellos conocen muy bien lo tremendamente abarcadora
y autoritaria que es esta palabra. ordenando la aplicación de una ley que ha sido dada por el legislativo.
Imagínese usted, cuán alarmados y sorprendidos se ponen estas personas cuando escuchan a otros, supuestamente llenos del Espíritu Santo, decretando y ordenando sobre la vida de los demás.
En
la Biblia un decreto es una disposición de gran envergadura, una orden, un
mandato que procede de una autoridad competente y que va dirigido a todos los
que están bajo esa autoridad. Cuando un rey daba un decreto, este estaba
dirigido a todo su reino o a una parte, pero nunca más allá, a no ser, que
otros países fueran tributarios. Y desde luego, la máxima autoridad del
universo es Dios; por lo tanto, su decisión, su disposición, su ley, debe ser
acatada por todos.
Núm_15:16 “Una misma ley y un mismo decreto tendréis,
vosotros y el extranjero que con vosotros mora”. Job_38:10 “Y
establecí sobre él mi decreto,
Le puse puertas y cerrojo”.
Sal_2:7 “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha
dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy”. Sal_105:10 “La estableció a Jacob por decreto, A Israel por
pacto sempiterno”.
Sinónimos
de decreto son: designio, beneplácito, mandato, ley.
En la Reina Valera del 1960, esta
palabra aparece 17 veces. La mayoría hace referencia a mandatos u órdenes obligatorias
tomadas por los emperadores o reyes. En el libro de Ester, por ejemplo, aparecen
tres decretos importantes: Primero, el que destituye a Vastis: “Si parece bien al rey, salga un decreto real de vuestra majestad y se escriba
entre las leyes de Persia y de Media, para que no sea quebrantado: Que Vasti no
venga más delante del rey Asuero; y el rey haga reina a otra que sea mejor que
ella. Y el decreto que dicte el rey será oído en todo su
reino, aunque es grande, y todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde
el mayor hasta el menor. Sucedió, pues, que cuando se divulgó el mandamiento y decreto del rey, y habían
reunido a muchas doncellas en Susa residencia real, a cargo de Hegai, Ester
también fue llevada a la casa del rey, al cuidado de Hegai guarda de las
mujeres”. Ester 1:19, 20; 2:8.
Segundo,
el que ordenaba destruir a los judíos. “Y en cada provincia
y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos gran luto,
ayuno, lloro y lamentación; cilicio y ceniza era la cama de muchos. Le dio
también la copia del decreto
que había sido dado en Susa para que fuesen destruidos, a fin de que la
mostrase a Ester y se lo declarase, y le encargara que fuese ante el rey a
suplicarle y a interceder delante de él por su pueblo”. Ester 4:3,
8.
Tercero,
el que ordenaba a los judíos defenderse. “La copia del edicto
que había de darse por decreto
en cada provincia, para que fuese conocido por todos los pueblos, decía que los
judíos estuviesen preparados para aquel día, para vengarse de sus enemigos. En
el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días del mismo mes, cuando
debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los
judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos
se enseñorearon de los que los aborrecían”. Ester 8:13 y 9:1.
Nabucodonosor
dijo: “Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que
dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea
descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que
pueda librar como éste”. Daniel 3:29.
En
Esdras 6:11 y 12, aparece el decreto dado por Darío de Persia permitiendo la
restauración del templo de los judíos. Para los días del imperio romano a esta
clase de decreto se le llamaba edicto.
Cuando
Dios es quien da un Decreto, hará todo lo necesario para sea cumplido y para
que los que no lo observen y obedezcan reciban el castigo que el mismo decreto
menciona.
Hermanos
y amigos, ¿creen ustedes que se justifica que tantas personas estén decretando
y dando mandamientos para controlar la vida de otros? Hay predicadores que en
todos sus mensajes están ministrando, profetizando, declarando, decretando, repartiendo
ministerios, dones, y claro está pidiendo ofrendas que, supuestamente, serán
multiplicadas por una palabra que ellos digan. Si es así, si Dios prosperará
abundantemente a aquellos que den grandes sumas de dinero, ¿Por qué no son los
primeros en dar?
Pastor,
no le entregue su púlpito a una persona que usted no conozca. Cuide la grey del
Señor.
Pr. Raúl Arias

Muy interesante...
ResponderBorrarBueno y necesario
ResponderBorrar